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La delgada línea entre un trend y el caos Blog ZITRO Graphic Designer

La delgada línea entre una tendencia y el caos

Ce n'est pas une œuvre d'art, es la representación de una obra de arte y no puede ser vendida y promocionada como eso”. – Anaverónica Rodríguez en interpretación del 'Ceci n'est pas une pipe' de René Magritte.

(Este artículo ha sido redactado en colaboración con la diseñadora Anaverónica Rodríguez)

¿Qué es lo que sucede cuando uno de los grandes artistas contemporáneos se junta con una de las grandes casas de moda en la actualidad? Acertaron, desde nuestro punto de vista, en una palabra, caos.

Contextualicemos para entender los personajes de esta catástrofe, Jeff Koons es un artista estadounidense reconocido a nivel mundial por su arte monumental y por su incursión en el mundo bajo su concepto a través de la fotografía, pintura y principalmente sus esculturas de instalación. De seguro por nombre tal vez no le reconozcan, pero les aseguro que sus grandiosas esculturas en forma de perro de globo gigantes y colocadas alrededor de todo el mundo les han cautivado.

Personaje 1 de esta historia, Jeff Koons, obras de arte que impresionan, evidencia absoluta de llevar el objeto común a su glorificación por medio de técnicas artísticas y recursos visuales como la exageración en proporción y tamaño.

Personaje 2: Louis Vuitton, una empresa francesa considerada una de las marcas de marroquinería de lujo más grande del mundo, la cual a través de un estilo clásico y de productos de gama alta sumado al alto nivel de pregnancia o reconocimiento que poseen sus elementos gráficos (en especial su monograma LV), le hacen ser acreedora del título de una de las marcas más valiosas del mundo, después de Gillette. Y también es necesario acotar que, por su poder, Louis Vuitton sigue en la actualidad siendo una de las marcas más falsificadas a escala mundial, en especial la trama o patrón que le caracteriza entre su monograma y otros elementos geométricos que forman asertivamente parte del lenguaje grafico de la misma.

Ahora bien, conocidos los dos personajes de manera breve, pasemos a conocer lo que para nosotros es el caos: hace pocos días, se llevó a cabo en el Museo del Louvre en Paris, el lanzamiento de la colección “Masters Jeff Koons y Louis Vuitton”, serie de accesorios, bolsos y backpacks que buscan a través de un experimento “metafísico” -definido por el propio Koons- traer al presente el ayer, a través de la interpretación de las obras de grandes maestros del arte como Van Gogh o Da Vinci, entre otros aclamados artistas del renacimiento por medio de la inmortalización e intervención de las obras en piezas como pañuelos, billeteras y bolsos de mano.

Fuente: AFP
Fuente: AFP

¿Por qué Masters es considerada una catástrofe?

Para nadie involucrado en el mundo creativo es una novedad la incesante búsqueda del punto de encuentro entre el diseño y el arte, en especial el diseño de modas, pasando por las anuales prendas artísticas innovadoras de la Met Gala, hasta las masivas interpretaciones de Piet Mondrian en objetos de uso diario en colecciones como Swatch, Vespa, e incluso Yves Saint Laurent con su emblemático vestido de 1965 basado en este artista.

Giorgio Armani en su momento acotaba sobre el tema que: «Por supuesto, la moda es arte. La relación entre estos universos es muy estrecha. Ambos son medios de expresión de gran potencia, que crean objetos no solo bellos, sino también capaces de emocionar. De hecho, la industria de la confección se sitúa en el centro de la creatividad y es el mejor espejo de la sociedad y su cultura».

Es entendible que cada prenda, objeto o indumentaria confeccionada en el mundo de la moda es digna de ser considerada arte, en especial por su valor estético y emocional como bien lo menciona Armani, pese a la subjetividad filosófica que estos términos pueden traer a colación, pero ¿es acaso lo kish la vía para exagerar la relación entre moda y arte?

Adentrándonos un poco más en la competencia de la moda, sabemos que todas las temporadas y casi todas las casas de moda basan sus colecciones en una serie de tendencias, las cuales son establecidas por un grupo de personas especialistas en el área y adquiridas por los diseñadores para que cada uno de ellos los interprete a su modo, muy pocas son las marcas que generan tendencias y nuevos conceptos – como sucede en el caso de Prada por ejemplo – y no es secreto para nadie que para estas temporadas que se avecinan en el 2017, uno de los trends más fuertes es “past and future” esa mezcla del pasado, la historia el arte y la arquitectura clásica con intervenciones y adaptaciones de elementos contemporáneos, pero ¿es la colección de Louis Vuitton y Koons una versión muy literal de esta tendencia?

Pensando en la obra original del artista, Gazing balls (intervención de obras de arte por medio de una esfera metálica que es colocada en medio de la pintura), en la cual fue inspirado el concepto de esta colección en cuestión, vemos la clara intención de su intervención, estos simples elementos como el reflejo, generan una nueva dimensión en la obra, cambian la perspectiva del espectador y hacen que el mismo la vea desde otro punto de vista, genera una experiencia, una emoción, y así hay muchos artistas que han tomado este acercamiento de intervenir obras de arte clásicas dándoles una nueva vida, un nuevo interés, como lo ha hecho el artista italiano Felice Limosani con su obra Magnificent Firenze, la cual tiene un sospechoso parecido con el video promocional de la colección de LV que hasta el mismo artista se vio digno de mencionar en sus redes sociales, pero ¿es esto traducible a un producto de producción masiva como una bolsa de mano Louis Vuitton?

https://www.instagram.com/p/BS1abM3hD77/?taken-by=felicelimosani

En mi opinión personal es un fallo para la marca, a pesar de que el concepto era bueno no siento que se logró la misma intensión que se logró con “Gazing balls”, la intervención del artista no es lo suficientemente significativa en los objetos propuestos como para darles esa novedad o nueva perspectiva a la obra original, no genera nuevas dimensiones, no genera una nueva lectura, es aquí donde se puede entender que es una fina línea entre lo que es moralmente correcto o no.

Podría estar bien, o no, reproducir una obra tan famosa como la Mona Lisa, y que la misma sea vendida con las firmas de Louis Vuitton y Jeff Koons, (claro esta se alega que le dan créditos al artista al poner su nombre en letras metálicas), pero la colaboración sigue siendo en nombre del artista y la marca, la pieza sigue siendo diseñada por ellos, vendida por ellos y ellos son los que están adquiriendo las ganancias.

Todo esto nos hace pensar, ¿fue esto una movida audaz del muy renombrado Nicolas Ghesquiere – director creativo de LV – y Jeff Koons en su búsqueda de democratizar el arte y hacerlo llegar a las masas?, tomar una interpretación tan simple y tan entendible que logra generar una reacción hasta del mas ingenuo para así crear una vuelta al interés por los museos, o quedara como una sátira a lo que la industria de los museos han generado con sus tiendas de regalos y el poder de adquirir obras famosas en cualquier formato posible, caemos en el hecho de estos objetos kish. El acto de poseer una obra de un famoso artista, llevarla bajo tu brazo, si vas a la tienda del museo un bolso con la cara de la Mona Lisa quizás te salga en 40$, por qué entonces pagar más de 1000$ por llevar una con la marca de una casa de moda renombrada.

Es aquí donde veremos miles de opiniones encontradas, por un lado los amantes del arte y que entienden, saben y han estudiado estas obras probablemente vean con rechazo esta colaboración, lo verán como una burla al intelecto de estos artistas, y tenemos por otro lado las personas que lo verán como una inspiración, como una lección de arte de manos de una marca de modas famosa que tiene las buenas intenciones de hacerle llegar a su mercado estos conocimientos, pero ¿estas personas son suficientes para generar la retribución económica de esta colección?, ¿tendrán el éxito comercial que esperan?.

Una vez más, el intento por conectar el mundo del arte con el diseño llega a ser juzgado más que aclamado, y llegamos al punto de concluir que a ciencia cierta no podemos determinar si la premisa de “conectar con la humanidad” (planteada por Koons), es suficiente para incitar a una persona a gastar entre 600 $ y 4000 $ en un producto de lujo con nombre de un artista y una casa de moda replicando un clásico del arte.